El HIJO Y LA MADRE



Mamá 

Recuerdo, cómo te empapaba el agua 
que corría sobre tu espalda, 
 aquella triste mañana te marchaste
  cuando llovían lluvias tempranas. 

El calor del verano te acariciaba 
el rostro, como te mojaban los 
inviernos como si nada 
te importara.  

Fuiste tejedora de sueños, 
fuiste mujer obrera que ibas 
tejiendo  esperanzas sobre los 
molinos del viento. 

 El sol te cubrió con sus alas, 
las flores de tú jardín se vistieron 
de gala con un hermoso tocado 
que estaba cubierto de escarchas.

gotas cristalinas caían sobre tu cara,
flores desojadas por el viento
se volcaban a tu paso, se están
marchando las madres de tu
 ciudad amada.

Madre, tengo una ansiedad tan   extraña, 
siento que me  acaricias el almatendiste 
tu manto aquella madrugada sobre mi pecho 
para que el frío no me quemara.

Me acunaste aquella noche cuando
despertaba la aurora,
era como un sol la luna cuando
el frio nos embriagaba.

Todo me lo contaba el viento, 
y el amigo de mi vieja nana.
 lo vi cuando arrancaba las rosas
a través del cristal de tu ventana.


Autor. Luis Alberto Morales
Seudónimo. Luis Alberto Del Alba.
Reservados todos los derechos de autor,
Casablanca Valparaíso Chile.
poesía Inédita.
comoescribeunangel.blogspot.com

APOLOGIA AL RIO LOA

APOLOGIA  AL RIO LOA

Me acosté en tus suelos coronados de hierbas, 
me perdí entre los siglos como raíces en la tierra,
te invoque entre los paisajes de arena.
Eres rio de saltos y de erizada cabellera,
 en tus fuentes alisas tus cabellos,
el rio y el atacama están cubiertos de arenas, 
 arenillas que se han pegado en mi cuerpo 
como palabra viva 
para que hicieran vivo este poema.

Autor. Luis Alberto Morales.
Seudónimo. Luis Alberto Del Alba.
Reservados todos los derechos de autor.
Escrito en Casablanca. Valparaíso Chile.


 
comoescribeunangel.blogspot.com

MI ALMA TIENE PRISA


MI ALMA TIENE PRISA

Leticia fue mi alumna en la escuela en pleno centro de la ciudad capital,, Tenía once años de edad. 
Once años conociendo las carencias y la mugre de la vida, siempre con la misma ropa, heredada por una tradicional necesidad familiar.  Once años batallando con los bichos de día y de noche, con una nariz que como vela escurría todo el tiempo.  con el pelo largo y descolorido sirviendo de tobogán a los piojos.  aun así, era de las primeras en llegar a la escuela.  Tal vez iba por los momentos necesarios para soñar que era lo que no; aunque enfrentara el rechazo y el asco de los demás. a la hora del trabajo en equipo nadie la quería.  no dieron la oportunidad para demostrar qué tan inteligente era: el repudio fue lo que Leticia conoció. me desconcertaba el hecho de ver que algunos varones con características semejantes a las de Leticia eran aceptados por el resto de las niñas y los niños, pero no ocurría lo mismo con Leticia y las niñas.  a mí solo se me ocurría hacer recomendaciones que nunca fueron atendidas. en ese tiempo me preguntaba:  ¿de qué sirve leer cuentos a esos niños que no han comido?;  ¿serviría de algo alimentarlos con fantasías?  yo creía que sí, pero no sabía hasta dónde,  constantemente les brindaba relatos, sobre todo en la mágica hora de lecturas, dos veces por semana.  un día conté "La Cenicienta" y cuando llegué a la parte en que el hada madrina transformó a la jovencita andrajosa en una bella señorita de vestido vaporoso y zapatillas de cristal, Leticia aplaudió frenéticamente el milagro realizado.  había una súplica en su rostro que provocó la burla de los que no tenían la misma capacidad ni la misma necesidad de soñar, esta vez hubo recomendaciones y regaños.
en otra ocasión, pregunté a mis alumnas y alumnos: ¿qué quieren ser cuando sean grandes? 
y el cofre de sus deseos se abrió ante mí: alguien quería ser astronauta, aunque al pueblo ni el autobús llegaba; otros querían ser maestros, artistas o soldados.  cuando le tocó el turno a Leticia, se levantó y con voz firme dijo:  “¡Yo quiero ser doctora!"  y una carcajada insolente se escuchó en el salón.
apenada, se deslizó en su banca invocando al hada madrina que no llegó. mi labor en esa escuela terminó junto con el año escolar.  la vida siguió su curso, después de quince años, regresé por esos rumbos, ya con mi nombramiento de base, hasta entonces encontré algunas respuestas y otras preguntas.  Las buenas noticias me abordaron en autobús, antes de llegar al crucero donde trasbordan los pasajeros que van al otro poblado. Llegaron en la presencia de una señorita vestida de blanco.
 -¡Usted es el maestro Víctor Manuel!... , ¡usted fue mi maestro! _me dijo_ sorprendida y sonriente.
El que podía encantar serpientes con las historias que contaba. Halagado, contesté: _Ese mero soy yo.
_¿No me recuerda, maestro? _Preguntó, y continuó diciendo con la misma voz firme de otro tiempo- yo soy Leticia ... y soy doctora ... Mis recuerdos se atropellaban para reconstruir la imagen de aquella chiquilla que en otro tiempo nadie quería tener cerca, se bajó en el crucero dejando, como La Cenicienta, la huella de sus zapatillas en el estribo del autobús...  Y a mi con mil preguntas.
Todavía alcanzó a decirme: - Trabajo en Parral... búsqueme en la clínica tal... y se fue…Un día fui a la clínica que me dijo y no la encontré. No la conocían ni la enfermera ni el conserje. ¡Era demasiada belleza para ser verdad!  "Los cuentos son bellos pero no dejan de ser cuentos", me lamentaba. 
Arrepentido de haber ido, y casi derrotado, encontré a la directora de la clínica y hablé con ella. 
Lo que me dijo, revivió mi fe en la gente y en la literatura: _La doctora Leticia trabajaba aquí _me contó_. Es muy humana y tiene mucho amor por los pacientes, sobre todo con los más necesitados.
_Esa es la persona que yo busco _así grité. _Pero ya no está con nosotros _dijo la directora.
¿Se murió?  _Pregunté ansioso. NO, COMO CREE, La doctora Leticia solicitó una beca para especializarse y la ganó... ahora está en Italia. Leticia sigue aprendiendo más y enseñando sus secretos para luchar.  Yo sigo queriendo saber hasta dónde llega el poder de las palabras; ¿cuál es el sortilegio para encantar a las serpientes que jalan a los descobijados?; como profesor, ¿qué puedo hacer para equilibrar la balanza de la justicia social ante casos parecidos?; ¿cuándo empezó el despegue de los sueños de Leticia en cuanto al resto de sus compañeras y compañeros?; ¿dónde radica la fortaleza de las mujeres que superan cualquier expectativa? Ya no quiero ser el maestro de Leticia: Ahora quiero aprender.  Quiero que me enseñe cómo evoluciona una oruga hasta convertirse en ángel y, sobre todo, quiero descubrir, ¿cuál fue la varita mágica que la convirtió en la princesa del cuento? El maravilloso poder de las palabras. del muro de alguien con corazón...

Tomado del Internet, desconozco su autor
comoescribeunangel.blogspot.com

CONTE MIS AÑOS

Precioso poema de Mário de Andrade (Sao Paulo 1893 – 1945) Poeta, novelista, ensayista y musicólogo. Uno de los fundadores del modernismo Brasileño 
____________________________________
*CONTE MIS AÑOS*
        
Conté mis años y descubrí que tengo menos tiempo para vivir de aquí en adelante, que el que viví hasta ahora. Me siento como aquel niño que ganó un paquete de *dulces*; los primeros los comió con agrado, pero, cuando percibió que quedaban pocos, comenzó a saborearlos profundamente.
Ya no tengo tiempo para reuniones interminables donde se discuten estatutos, normas, procedimientos y reglamentos internos, sabiendo que no se va a lograr nada.
Ya no tengo tiempo para soportar a personas absurdas que, a pesar de su edad cronológica, no han crecido. Mi tiempo es escaso como para discutir títulos. Quiero la esencia, mi alma tiene prisa… Sin muchos *dulces* en el paquete…

Quiero vivir al lado de gente humana, muy humana. *Que sepa reír de sus errores*. Que no se envanezca, con sus triunfos. Que no se considere electa antes de la hora. Que no huya de sus responsabilidades. Que defienda la dignidad humana. Y que desee tan sólo andar del lado de la verdad y la honradez.
Lo esencial es lo que hace que la vida valga la pena.
*Quiero rodearme de gente, que sepa tocar el corazón de las personas*… 
*Gente a quien los golpes duros de la vida, le enseñaron a crecer con toques suaves en el alma*
Sí…, tengo prisa…, tengo prisa por vivir con la intensidad que sólo la madurez puede dar.
Pretendo no desperdiciar parte alguna de los *dulces* que me quedan… Estoy seguro que serán más exquisitos que los que hasta ahora he comido.
*Mi meta es llegar al final* satisfecho y en paz con mis seres queridos y con mi conciencia.
Tenemos dos vidas y la  segunda comienza cuando te das cuenta que sólo tienes una.......

Envíaselo a todos tus amigos de mas de 40,50, 60 años o más..........
_(Prohibido quedárselo)_

comoescribeunangel.blogspot.com

No te enamores

                                                  NO TE ENAMORES Nunca te enamores de un hombre sobrio limpio, de un hombre que siente demas...