Este poema lo escribo desde una convicción profunda:
los poetas no estamos llamados a maldecir,
sino a bendecir. Bendecir la creación,
el amor, el dolor que enseña,
el viento que recuerda, el agua que consuela.
En tiempos donde la desesperanza parece alzar la voz,
con éste poema busco un refugio en una oración poética,
que celebre conmigo la vida en todas sus formas.
Bendecir para vivir
Bendigo el alba que en la cumbre se asoma,
con su temblor de oro sobre la brisa,
bendigo el canto que el ruiseñor entona,
y al sol que abraza toda su obra.
Bendigo el agua que la arena abraza,
y al mar que guarda voces perdidas,
bendigo el río que en su curso arrasa
cargado de sueños sobre nuestras vidas.
Bendigo al viento que acaricia el pecho,
que trae memorias dulces en el viejo camino,
bendigo el aire, sutil y divino,
que derrama amor en su dulce destino.
Bendigo las estrellas, en su oscuro misterio,
que en la noche susurran esperanzas dormidas,
bendigo el cielo, con su azul sincero
y al tiempo eterno que descansa sobre su imperio.
Bendigo el árbol, y su raíz sagrada,
a la flor que nace sin pedir permiso,
bendigo el campo, y su verde hechizo,
y al ave libre, que descansa sobre su nido.
Bendigo el alma humilde cuando se quebranta,
que no maldice ni olvida su inmensa ternura,
bendigo el amor en su larga aventura,
cuando su llama se llena de inmensa ternura.
Autor. Luis Alberto Morales Guerra.
Seudónimo. Luis Alberto Del Alba.
Reservados todos los derechos de autor.
Escrito en Casablanca.
comoescribeunangel.blogspot.com
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