Golondrinas viajeras
Las golondrinas parten
cuando aún queda belleza,
leen señales invisibles
que nosotros ignoramos.
El frío no empieza en invierno,
sino en la rama que calla,
en la luz que se apaga,
en el silencio que duele.
Ellas vuelven,
y con ellas regresa la certeza:
ningún invierno es eterno,
toda rama que espera
abraza otra vez la luz.
Los hombres, en cambio,
nos quedamos demasiado tiempo
junto a brasas apagadas,
esperando primaveras
en jardines sin horizonte.
Pero cada regreso de alas
nos recuerda el don perdido:
saber distinguir entre fidelidad y desgaste,
comprender que hay despedidas
nacidas del respeto a la vida.
Y mientras ellas cruzan mares,
montañas y horizontes,
guiadas por una brújula invisible,
nos enseñan que la esperanza,
aunque tarde, siempre florece.

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